Luthien llegó a casa el 29 de abril de 2009. Recuerdo vívidamente aquel primer día. Se deshizo en cariños tras un largo viaje, y yo no podía dejar de mirarla. Había esperado aquel momento con tanta impaciencia y ansiedad, que tenerla de repente allí conmigo colmaba todas mis necesidades. Pasé toda la mañana viendola comer, dormir y acurrucarse a mi lado. Recuerdo que a menudo intentaba maullar pero ese pequeño y tímido maullido moría antes de convertirse en sonido.
Desde el día en que llegó ha sido siempre sencillamente encantadora. Su juventud la ha convertido en una sigilosa felina que maquina a cada instante una nueva travesura con la que pillarnos desprevenidos. Cuando es descubierta, pone sus ojitos y me mira, sabe que no soy capaz de reñirle y que volverá a salir airosa del atolladero. Esta pequeña diva presumida pasa las horas muertas mirándose al espejo, a veces me pregunto qué grado de consciencia de sí misma posee, si ensaya posturitas y se regodea de su propia belleza salvaje, o si simplemente contempla pasmada al gato que la mira desde el otro lado del espejo y que nunca se atreve a levantar la patita para tocarla.
Luthien sufrió una piometra en el mes de mayo de 2010, cuando nuestros primeros planes para ella estaban a punto de consumarse. Decidimos esterilizarla, para no poner en peligro su vida, por lo que hoy en día vive con nosotros tranquila y feliz su nueva vida de gata neutra.